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Historia de las mayúsculas y minúsculas: de las capitales romanas a la minúscula carolina

Tenemos dos juegos de letras porque se fusionaron dos tradiciones. Las mayúsculas (en paleografía, majúsculas) descienden de las letras formales de las inscripciones romanas; las minúsculas descienden de las escrituras de libro, más rápidas y redondeadas, de los copistas medievales, sobre todo de la minúscula carolina de finales del siglo VIII. Los eruditos del Renacimiento emparejaron ambas, los primeros impresores convirtieron esa pareja en tipos de imprenta, y los cajistas guardaban las mayúsculas en la más alta de dos cajas tipográficas y las letras pequeñas en la baja. De ahí vienen los términos ingleses «uppercase» y «lowercase» (literalmente, «caja alta» y «caja baja»).

Capitales romanas: un alfabeto de una sola caja

El latín clásico no tenía minúsculas. Sus letras más formales, las capitales cuadradas, se usaban sobre todo en inscripciones, y las letras de la base de la Columna de Trajano, en Roma, terminada en el año 113 d. C., son el modelo más conocido. Todavía hoy influyen en la tipografía: la Trajan de Adobe, diseñada por Carol Twombly y lanzada en 1989, es una fuente de solo mayúsculas adaptada directamente de ellas.

Por supuesto, los romanos no escribían todo con capitales de aspecto tallado. La escritura cotidiana usaba escrituras cursivas: la cursiva romana antigua, común desde el siglo I a. C. hasta el siglo III d. C., y la cursiva romana nueva, desde alrededor del siglo III hasta el VII. Las letras escritas deprisa con pluma se vuelven más redondeadas y sencillas, y la cursiva romana posterior pasó a formar parte de la base de las escrituras de libro que vinieron después.

Uncial y semiuncial: letras más redondeadas para el pergamino

Desde aproximadamente el siglo IV hasta el VIII, los copistas latinos y griegos copiaban libros en uncial, una escritura ancha y redondeada que iba bien con la pluma sobre pergamino. La uncial seguía siendo una escritura majúscula: un único juego de letras de altura casi uniforme. Su nombre suele atribuirse a un comentario de pasada de san Jerónimo, y como el latín uncialis podía significar «de una pulgada de alto», los estudiosos aún debaten qué quería decir exactamente.

La semiuncial, usada desde alrededor del siglo III hasta finales del VIII, es donde las letras empiezan a resultarnos familiares. Los trazos sobresalen por encima de la línea en b, d, h y l, y por debajo en f, g, p y q. Esas ascendentes y descendentes, que necesitan cuatro líneas guía en lugar de dos, son el rasgo que define lo que hoy llamamos minúsculas, y los paleógrafos sitúan la semiuncial entre las familias majúscula y minúscula.

Minúscula carolina: la antepasada de las minúsculas

El paso decisivo llegó en el reino franco a finales del siglo VIII. La minúscula carolina era clara y compacta, con letras separadas bien formadas y espacios entre las palabras. Se difundió con las reformas educativas de Carlomagno, que trajo al erudito inglés Alcuino de York para dirigir su escuela palatina en 781. Alcuino llegó a ser más tarde abad de San Martín de Tours, y se le atribuye haber promovido esta escritura como la letra oficial de la corte.

Carlomagno, sin embargo, no la inventó. Los primeros ejemplos proceden de la abadía de Corbie, en el norte de Francia, y en 2013 Tino Licht, estudioso de la Universidad de Heidelberg, dio a conocer un manuscrito de Corbie en la nueva escritura que, según su datación, es anterior al reinado de Carlomagno. La escritura de ese manuscrito parece experimental; como dijo él mismo, «They were trying it out» (lo estaban probando).

Los libros carolingios también usaban capitales para los títulos y minúsculas para el cuerpo del texto, de modo que una misma página ya combinaba letras grandes y formales con otras pequeñas de trabajo. Ahí está la semilla de lo que seguimos haciendo: mayúsculas para los comienzos y los encabezados, minúsculas para la lectura.

De la letra gótica al renacer humanista

En los siglos siguientes, la escritura minúscula se fue volviendo más estrecha y angulosa, hasta desembocar en las escrituras góticas que hoy llamamos letra gótica (blackletter). Cuando Johann Gutenberg imprimió su Biblia en Maguncia en 1454–55, sus tipos imitaban la textura, la letra gótica formal de los manuscritos litúrgicos alemanes, con cerca de 300 caracteres distintos, entre ellos ligaduras y abreviaturas.

En Italia, los eruditos tomaron el camino contrario. En la primera década del siglo XV, Poggio Bracciolini desarrolló una nueva escritura humanística, que adoptaron los humanistas florentinos Niccolò de' Niccoli y Coluccio Salutati. Su modelo era la minúscula clara de los manuscritos de los siglos XI y XII, que ellos tomaban por escritura de la antigua Roma; en realidad pertenecía a la tradición carolingia. Para las capitales volvieron al modelo romano auténtico, y estudiosos como Felice Feliciano examinaron inscripciones antiguas para recuperar las proporciones de las letras clásicas.

Esa combinación, capitales de la Roma imperial junto a una minúscula descendiente de los copistas de Carlomagno, es el alfabeto latino tal como lo conocemos. Los impresores venecianos la convirtieron en tipos de imprenta. La letra romana de Nicolas Jenson, usada por primera vez en su edición de Eusebio de 1470, suele citarse como el diseño que rompió de forma definitiva con la letra gótica, y en 1501 Aldo Manucio presentó un tipo cursivo basado en la escritura cancilleresca.

«Upper case» y «lower case»: las cajas del cajista

Cuando las letras pasaron a ser piezas de metal, necesitaron un lugar donde guardarse. Los cajistas manuales trabajaban con un par de cajas de madera poco profundas, y el manual de imprenta de Joseph Moxon de 1683, Mechanick Exercises, las describe: «By the Case is meant, in Printers common diolect, a Pair of Cases, viz. the Upper and the Lower-Case» (por «la caja» se entiende, en el dialecto común de los impresores, un par de cajas, a saber, la caja alta y la caja baja).

Las dos cajas estaban organizadas de forma distinta, y esa diferencia dice mucho de cómo se usaba cada juego de letras. La caja alta de Moxon tenía 98 cajetines del mismo tamaño, con las mayúsculas dispuestas por orden alfabético. La caja baja tenía 56 cajetines de cuatro tamaños y, en palabras de Moxon, «not devided according to an orderly succession of the Alphabet» (no dividida según una sucesión ordenada del alfabeto). En cambio, las letras más usadas ocupaban los cajetines más grandes, cerca del centro, «That the Compositers hand may have the quicker access to them» (para que la mano del cajista pueda llegar a ellas más rápido). Las letras pequeñas hacían el trabajo diario; las capitales esperaban arriba. Puedes leer el pasaje original en los Mechanick Exercises de Moxon en Project Gutenberg.

Merriam-Webster sitúa el primer uso conocido de «lowercase» en ese mismo año, 1683, y lo relaciona con «the compositor's practice of keeping such types in the lower of a pair of type cases» (la costumbre del cajista de guardar esos tipos en la caja inferior de un par de cajas tipográficas). Los términos eruditos llegaron al inglés algo más tarde. «Minuscule» (primer uso conocido en 1701) viene, a través del francés, del latín minusculus, «algo más pequeño», y «majuscule» (1722), de majusculus, «bastante grande». Los paleógrafos los usan para las escrituras manuscritas; «upper case» y «lower case» pertenecen a la imprenta.

Con el tiempo, las propias cajas acabaron fusionándose. En los Estados Unidos del siglo XIX, la caja californiana (California job case), un único cajón que contenía mayúsculas y letras pequeñas, se convirtió en la distribución más popular, pero los nombres antiguos se quedaron.

Por qué esta historia sigue importando para el texto de hoy

La distinción entre mayúsculas y minúsculas no es universal. Las escrituras latina, griega, cirílica y armenia son «bicamerales», con mayúsculas y minúsculas, mientras que la mayoría de los sistemas de escritura del mundo, entre ellos el árabe, el hebreo, el devanagari y el chino, solo tienen un juego de letras. Y como los dos juegos de letras crecieron por separado, no siempre se corresponden con limpieza:

  • La ß alemana se convierte tradicionalmente en SS en mayúsculas. Unicode añadió una ẞ mayúscula en la versión 5.1 (2008), y el Consejo de Ortografía Alemana la aceptó como variante en 2017.
  • El turco tiene una i con punto y otra sin punto, así que sus pares son i/İ y ı/I. Si pasas «istanbul» a mayúsculas con las reglas del inglés, sale «ISTANBUL»; con las reglas del turco, sale «İSTANBUL».

Por eso la conversión entre mayúsculas y minúsculas tiene que conocer el idioma. Nuestro conversor de mayúsculas y minúsculas aplica las reglas del turco en la versión turca del sitio y las reglas estándar de Unicode en las demás, que convierten «Straße» en «STRASSE». Lo que ningún conversor puede hacer es devolver mayúsculas que ya no existen: si pasas un párrafo a minúsculas y lo vuelves a pasar al estilo Oración (sentence case), tendrás que corregir a mano todos los nombres. Nuestra guía sobre por qué los nombres propios llevan mayúscula explica cuáles hay que volver a poner.

La historia también explica el consejo práctico. Las capitales se perfeccionaron para inscripciones pensadas para leerse a distancia y más tarde sirvieron para marcar comienzos; las minúsculas nacieron del trabajo rápido de la pluma y se perfeccionaron para los libros. Úsalas del mismo modo: minúsculas para el texto corrido, mayúsculas para los comienzos, los nombres y las líneas cortas de rótulo. Nuestros artículos sobre el texto todo en mayúsculas y la legibilidad y sobre cómo elegir las mayúsculas de una marca continúan desde ahí.

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